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Terror de madera

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Terror de madera

La siguiente historia que les voy a contar es muy real, pero quizá ustedes decidan que es mentira, como lo ha hecho mucha gente cada que les cuento lo que me sucedió. No me molesta en lo absoluto, porque hay gente que lo ha comprobado y saben del miedo que se siente estar parado frente a… esa cosa. Su imagen es terrorífica y tiene la espantosa cualidad de moverse solo. ¡Tiene vida propia! ¡Se mueve! Lo siento, no les he dicho lo que es, pero supongo que ya se imaginarán, es un duende hecho de madera, como los que venden que se hicieron famosos y que muchos jóvenes llevaban siempre en sus mochilas o bajo el brazo para no dejarlos solo en casa.

Mi hogar está hecho con pisos laminados, pero antes de que mis padres y yo llegáramos ahí nos cuentan que vivía una familia que tenía problemas, ya que se podían escuchar gritos y como rompían cosas de vidrio, quizá platos, vasos o cualquier otro adorno. Pues cuentan que antes de mudarse, decidieron remodelar la casa, pero la hija menor de la familia se rehusaba a abandonar la casa, por lo que cuando quitaron la madera para pisos con la que estaba hecha, la pequeña tomó parte del material y con ayuda de su novio crearon el duende, para después fugarse y nunca más volver con sus padres. Su padre, quien era conocido por ser amante de las artes oscuras, encontró el muñeco con una carta en la que explicaban que el duende era un deseo de que toda la mala suerte les cayera por haber elegido algo que ella no quería y también era para culparlos por si algo le llegaba a pasar por la decisión que tomó de fugarse. Dicen que el papá al leer la carta, le hizo brujería al muñeco para que su hija volviera algún día a esa casa a encontrar su final, por lo que abandonó el duende.

Fue días después de habernos mudado a esta casa cuando encontré el muñeco, que está hecho de madera, con unos ojos enormes, una nariz puntiaguda y chueca, parece que está desnudos y tiene brazos sin manos y piernas sin pies, los cuales son muy delgados. Lo peor es que le crearon una sonrisa maquiavélica, que sólo con verla te da miedo. Mis padres decidieron dejarlo en el ático, pues sentían un miedo enorme con el simple hecho de tocarlo. La curiosidad me hacía visitarlo cada ocasión que podía, hasta que una vez vi como su rostro se movió, lo cual era imposible por cómo estaba fabricado. No grité para no alertar a mis padres, me tapé la boca con ambas manos y salí corriendo. Pero seguía yendo al lugar donde estaba el muñeco, esperando encontrar una respuesta lógica a lo que había pasado, pero a veces lo encontraba fuera de su lugar y volvía a moverse, en ocasiones era la cabeza y en otras las extremidades.

He invitado a amigos, compañeros y primos a que lo vean con sus propios ojos pero han sido muy pocos los que han tenido la suerte o la desgracia de ver lo que este pequeño juguete diabólico de madera hace para asustarnos.